Grip, drift y buen ambiente en Kotarr
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Kotarr · 25 Nov 2023

Grip, drift y buen ambiente en Kotarr

Volver a Kotarr después de haber rodado allí cambiaba bastante la forma de afrontar el día. Ya no era un circuito desconocido. Seguía habiendo ganas y respeto, pero también más referencias y una idea más clara de lo que podía ofrecer el trazado.

El viaje desde La Rioja ya resultaba familiar: hora y media de carretera tranquila, solo en el coche y con Kotarr colocado en la cabeza. Cuando ya conoces un circuito, los nervios del descubrimiento dejan paso a otra cosa: querer hacerlo mejor que la vez anterior.

Esta jornada tenía además un formato diferente. Las tandas de grip compartían día con tandas de drift, así que entre sesión y sesión había espectáculo asegurado. El paddock mezclaba coches muy distintos: algunos preparados para buscar trazadas limpias y otros pensados para ir cruzados con la mayor precisión posible.

Llegué solo, pero el día no tardó en coger ambiente. Cerca de mi sitio en el paddock había tres coches muy distintos: un Suzuki Swift, un Alfa Mito y un BMW E30. No conocía a sus dueños, pero en un circuito las conversaciones suelen aparecer sin forzarlas. Basta comentar una tanda, preguntar por un coche o hablar de cómo está la pista para que el rato entre sesiones se llene solo.

Acabamos coincidiendo también en pista, y eso siempre cambia la percepción. Ya no son coches anónimos: sabes quién va dentro, qué coche lleva y qué está intentando hacer. Ese tipo de encuentros improvisados son de las cosas que más valor tienen en un trackday.

Las tandas de grip fueron justo lo que buscaba. Kotarr ya estaba más presente en la cabeza y eso permite trabajar otras cosas: dónde frenar, cómo colocar el coche, en qué curva conviene sacrificar entrada para salir mejor y cuándo merece la pena dejar correr el 206.

El coche respondió como suele hacerlo: directo, fiel y fácil de leer. En un circuito compacto se agradece mucho llevar un coche que comunica tanto. No hace falta una potencia enorme para disfrutar si el trazado te obliga a ser fino y mantener ritmo.

Entre tandas, el drift hizo que los descansos pasaran volando. Verlo en directo siempre tiene algo especial: ruido, humo, correcciones rápidas y esa mezcla entre descontrol aparente y precisión real. Es una forma muy distinta de vivir la pista, pero igual de interesante desde fuera.

Por la tarde llegó un amigo con su BMW E36 para participar en drift. Antes de que saliera él, se montó conmigo en una tanda de grip. Llevar al lado a alguien que sabe lo que está viendo cambia la experiencia: no hace falta hablar demasiado para compartir una frenada buena, una curva bien hecha o una salida mejorable.

Después llegó su turno y yo lo vi desde la barrera. Ver a alguien conocido derrapar en pista tiene otro punto. Te implicas más, celebras las buenas enlazadas y sufres un poco cuando algo no sale limpio.

El día acabó con una hamburguesa, conversación y vuelta a casa siguiéndole por carretera. Una jornada completa: grip, drift, gente nueva, un amigo en pista y el 206 volviendo a sentirse en su sitio.
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